Casos de uso

Cinco momentos en los que Hongi se paga solo.

Escenas concretas, no categorías. En cada una verás la trampa, la jugada y el resultado. La primera vez que te toque una de estas, esta página se vuelve obvia.

Familia

Tu hija te llama llorando.

La trampa

Le han clonado la voz de un mensaje de tres segundos que publicaste el año pasado. La llamada entra desde su número. Está hecha un mar de lágrimas: dice que ha estampado el coche y que necesita 800 € ahora mismo. Esa voz es la suya, sin duda.

La jugada de Hongi

Abres Hongi. En tu pantalla aparece la palabra que tendrías que oír de ella. Ella no la sabe. La IA tampoco. Le pides que te diga la suya. Silencio. Cuelgas.

Treinta segundos. 800 € intactos en la cuenta.

Banca · Hongi Customers, en pruebas

Un «asesor del banco» te llama para frenar un fraude.

La trampa

El número coincide con el de tu banco. La voz es serena, profesional, conoce tu último movimiento y te pide autorizar una transferencia a un IBAN nuevo para bloquear el fraude. Todo lo que cuenta cuadra. Nada prueba que sea el banco.

La jugada de Hongi

Si tu banco usa Hongi, se empareja contigo una vez. En una llamada, el banco habla primero: el asesor lee un código de seis cifras y tu móvil te muestra si es correcto. Un estafador no tiene ningún código que leer. Cuelgas antes de que termine la frase.

El mejor desenlace posible: no ha pasado nada.

Trabajo · Hongi Work, disponible para pilotos

Una transferencia urgente que pide el CEO.

La trampa

Viernes, 16:47. Proveedor nuevo. Plazo ajustadísimo. Hay que pagar antes de que cierre el banco. La firma, el remitente, el tono... todo encaja.

La jugada de Hongi

Con Hongi Work, los compañeros se verifican entre sí sin ningún emparejamiento. Llamas al CEO al número que conoces. Cada uno lee el código que muestra su app de Hongi. Coinciden: autorizado. No coinciden: no hay transferencia y lo notificas.

Cada compañero puede verificar a cualquier otro desde el primer día.

Servicios

Un mensajero que no esperabas, en tu puerta.

La trampa

Chaqueta corporativa, tableta, los colores adecuados. Quiere una firma en un dispositivo que no reconoces, o que le abras para dejar «un paquete de mucho valor». Tienes diez segundos para decidir.

La jugada de Hongi

Si la empresa de mensajería está en el directorio de Hongi, la añadiste una vez en la app. Llámala al número de su ficha y comprueba: tú lees tu código y ella lee el suyo. Si confirma la entrega, abres la puerta. Si no, te quedas dentro.

Se acabó decidir quién es de fiar por instinto.

Jurídico

La notaría te pide firmar por videollamada.

La trampa

La firma notarial a distancia es ya rutina. La cara en la cámara puede ser un deepfake. La sesión puede secuestrarse entre la comprobación del DNI y la firma. El documento que firmas puede no ser el que has leído.

La jugada de Hongi

Antes de la sesión, el notario y el cliente se emparejan una vez en la app de Hongi. Al empezar la llamada, y otra vez antes de firmar, cada uno lee su palabra clave en voz alta ante la cámara. Un deepfake no tiene ninguna palabra clave que leer.

Una comprobación más antes de firmar, que una cara por sí sola no supera.

Donde importa quién es la otra persona.

Los cinco de arriba son los ejemplos fáciles de explicar. Hongi sirve para cualquier conversación, en cualquier canal, entre dos personas que se emparejaron una vez.

  • Compraventa entre particulares
  • Estafas amorosas
  • Entrevistas de trabajo a distancia
  • Proveedores y contratistas
  • Entregas de custodia
  • Citas médicas
  • Asesores fiscales y financieros
  • Visitas de obra y reformas
  • Compra de coche de segunda mano
  • Entrega de un alquiler de temporada
  • Llamadas con tu aseguradora
  • Asistencia en carretera

Ver incidentes reales para los que se creó Hongi →

Pruébalo con alguien de confianza

Os emparejáis en 90 segundos. Lo usáis durante años.

Dos móviles, un QR, una clave compartida que se deriva en local. Sin cuentas, sin contraseñas. Gratis en iOS y Android.

Escanéalo con el móvil