Tu hija te llama llorando.
Le han clonado la voz de un mensaje de tres segundos que publicaste el año pasado. La llamada entra desde su número. Está hecha un mar de lágrimas: dice que ha estampado el coche y que necesita 800 € ahora mismo. Esa voz es la suya, sin duda.
Abres Hongi. En tu pantalla aparece la palabra que tendrías que oír de ella. Ella no la sabe. La IA tampoco. Le pides que te diga la suya. Silencio. Cuelgas.
Treinta segundos. 800 € intactos en la cuenta.
